

Bienestar animal en La Candelaria: un proceso
desde la educación y el territorio
En la localidad de La Candelaria, con el apoyo de la Alcaldía local, el bienestar animal se ha convertido en un campo de trabajo comunitario que articula educación, salud pública, normatividad y acción ciudadana. La protección de los animales atraviesa problemáticas sociales complejas como la habitabilidad de calle, la pobreza, la desinformación, el turismo irresponsable y la falta de acceso a servicios veterinarios.
El interés Angélica María Angarita, alcaldesa local de la Candelaria junto con el Consejo de Protección y Bienestar Animal, ha sido responder a las necesidades y dinámicas propias de la localidad, por ello, trabajan de manera sostenida. Sus relatos evidencian que el cuidado animal exige presencia constante en el territorio, conocimiento del contexto social y una mirada integral que reconozca a los animales como seres sintientes y parte activa de la vida urbana.

Gloria Giraldo, promotora de lectura, rescatista e integrante del Consejo de Bienestar Animal de La Candelaria.
Leer para comprender el cuidado: la literatura como herramienta de transformación
“Desde los libros contamos historias que nos permiten hablar del respeto, la crueldad y el abandono”, explica Gloria Giraldo, promotora de lectura, rescatista e integrante del Consejo de Bienestar Animal de La Candelaria.
La mediación de lectura es uno de los pilares educativos del proceso. Gloria trabaja principalmente con niñas y niños, utilizando cuentos como una forma de abrir conversaciones profundas sobre la relación entre humanos y animales. A través de relatos cuidadosamente seleccionados, se abordan temas como el abandono, el maltrato y la responsabilidad del cuidado.
Uno de los libros utilizados es La casa de Tomasa, una historia que permite reflexionar sobre la acumulación de animales y los límites del rescate. Desde la ficción, la infancia comprende que cuidar implica responsabilidad, recursos y decisiones éticas. La lectura se convierte así en una herramienta pedagógica que conecta la emoción con la reflexión crítica.Estas reflexiones se trasladan a los hogares, a las familias y al entorno comunitario, generando preguntas sobre prácticas normalizadas de abandono y maltrato. Para Gloria Giraldo, educar desde la palabra y la imaginación permite sembrar cambios culturales duraderos.
Salud animal y prevención en contextos de vulnerabilidad
“Tenemos esterilizaciones, brigadas médicas, vacunación, desparasitación y atención de urgencias”, señala Marcela Díaz, médica veterinaria e integrante del Consejo de Protección y Bienestar Animal.
El componente de salud animal es una de las líneas centrales del proceso en La Candelaria. A través de jornadas de esterilización, apoyadas por la Alcaldía Local, se busca controlar la sobrepoblación y reducir el abandono.Las brigadas veterinarias ofrecen atención gratuita, especialmente dirigida a animales en condición de calle y a aquellos que viven con personas en situación de vulnerabilidad.Además de la consulta básica, el proyecto contempla la atención de urgencias para animales en estado crítico, que requieren cirugías u hospitalización.

Marcela Díaz, médica veterinaria e integrante del Consejo de Protección y Bienestar Animal.
Estas acciones permiten salvar vidas, pero también visibilizan la precariedad en la que viven muchos animales en el centro de la ciudad.La prevención atraviesa todo el trabajo. Educar sobre tenencia responsable, evitar camadas no planificadas y reducir enfermedades transmisibles forma parte de una estrategia de largo plazo que busca transformar las causas estructurales del abandono.

Joel Piragua.integrante del Consejo de Protección y Bienestar Animal.
Habitabilidad de calle y vínculo humano-animal
“Hay animales que son familia para las personas habitantes de calle y otros que están en situaciones muy graves”, explica Joel Piragua.
La Candelaria comparte dinámicas de habitabilidad de calle con la localidad de Santa Fe y es una de las preocupaciones de Angélica María Angarita alcaldesa local. En este contexto, muchos animales conviven con personas que enfrentan exclusión social, falta de acceso a servicios de salud y condiciones de vida precarias. Estos vínculos presentan múltiples matices.
En algunos casos, los animales reciben cuidado y protección dentro de las posibilidades de sus cuidadores. En otros, se han identificado situaciones de desnutrición, enfermedad, encierro, amarre y explotación. El trabajo del Consejo implica evaluar cada caso de manera particular.
Cuando se identifican situaciones de maltrato o negligencia grave, se activan rutas institucionales para retirar a los animales y garantizar su protección. En otros escenarios, se brinda atención veterinaria y acompañamiento, respetando el vínculo existente. Este trabajo exige sensibilidad, criterio técnico y decisiones complejas.
Rescate animal: procesos largos y una carga emocional invisibilizada
“Recuperar un animal no es solo sanar su cuerpo; los traumas del maltrato dejan secuelas profundas”, señalan quienes realizan labores de protección en el territorio.
El rescate animal implica procesos largos que van más allá de la atención médica inicial. Muchos animales requieren tratamientos prolongados, procesos de socialización y acompañamiento emocional. Algunos no resultan adoptables debido a su edad, su estado de salud o las secuelas del maltrato.
Esta realidad genera una carga emocional y económica significativa para quienes asumen el cuidado. Enfrentar la enfermedad, la muerte, la frustración y la falta de recursos hace parte del día a día del proteccionismo. A pesar de ello, estas labores suelen realizarse con el apoyo de la Alcaldía Local que brinda jornadas médicas, vacunación y desparacitación.
“Las culebras de pasto no representan un peligro, pero muchas veces son atacadas por miedo”, advierten desde el Consejo de Bienestar Animal.
El trabajo de protección no se limita a perros y gatos. Palomas, aves migratorias, abejas, reptiles y otros animales hacen parte del ecosistema urbano de La Candelaria. Sin embargo, la desinformación y los mitos generan respuestas violentas contra estas especies.
En el caso de las abejas, se promueve la activación de rutas adecuadas como el apoyo de la Alcaldia Local y el cuerpo de bomberos, evitando su exterminio en un contexto de crisis ambiental. La educación ambiental busca orientar a la ciudadanía y promover una convivencia respetuosa con todas las formas de vida.

Martha Castillo, activista, defensora de derechos humanos y de los derechos de los animales.
Las leyes como herramientas para la defensa de los animales
“Hoy contamos con leyes que nos permiten proteger a los animales y exigir responsabilidades”, afirma Martha Castillo, activista, defensora de derechos humanos y de los derechos de los animales.
Entre las normas vigentes se encuentran la Ley Ángel, la ley de esterilización obligatoria, la Ley Lorenzo, la Ley Kiara y la Ley Empatía. Estas leyes fortalecen la capacidad de denuncia ciudadana, amplían el enfoque de protección hacia distintas especies y cuestionan prácticas culturales basadas en la explotación animal.
Para Martha Castillo, el avance normativo representa una herramienta política fundamental, pero insiste en que la ley debe ir acompañada de educación y conciencia social para generar transformaciones reales y sostenidas en el tiempo. Es por ello que la Alcaldía local utiliza estrategias de comunicación y formación para que todos y todas sus habitantes conozcan éstas leyes
Explotación animal y prácticas naturalizadas
En espacios turísticos como la Plaza de Bolívar persisten prácticas de explotación animal socialmente aceptadas. La utilización de animales para fotografías y entretenimiento continúa siendo una problemática visible en el centro de la ciudad.
Desde el Consejo se insiste en la necesidad de cuestionar estas prácticas y promover un turismo responsable que no se base en el sufrimiento animal. Visibilizar estas realidades hace parte del trabajo educativo y de sensibilización comunitaria.
Apoyar el proceso: corresponsabilidad y acción colectiva
“El cambio empieza cuando entendemos que compartimos el territorio con otras formas de vida”, concluyen las voces del Consejo de Protección y Bienestar Animal.
El bienestar animal en La Candelaria se sostiene gracias al trabajo comunitario, el apoyo de la Alcaldía local, la articulación institucional y el compromiso ciudadano. Apoyar este proceso implica denunciar el maltrato, promover la adopción responsable, participar en jornadas educativas y difundir información verificada.
La invitación es a reconocer que la convivencia en la ciudad incluye a todas las formas de vida que la habitan y que el cuidado colectivo es una responsabilidad compartida.